No tengan miedo de hablar

“Gracias por preguntar cómo nos sentimos, no cualquier persona pregunta cómo estamos”, así dijo Cristi al despedirse. Así salió de la reunión de zoom.

Cristy tiene catorce años y es una de las participantes de los círculos de jóvenes “Vos/z en red” Estos círculos han sido organizados por ConTextos como espacios de diálogo y auto cuidado para la juventud.

Iniciamos el 26 de agosto de manera virtual. Ese día éramos dos pantallas. Tras cuatro meses de encierro y planificación, ahí estábamos: el equipo de formadores y formadoras de ConTextos y los y las poderosas jóvenes; más de cuarenta personas.

 

De las cuarenta personas que asistieron, conectarse significó caminar hacia una camaronera para encontrar señal. Para otra fue estar sentada en la puerta de la Alcaldía hasta que logró conectarse, Marvin pidió prestada una computadora y así poder entrar a zoom.

Muchos de los y las jóvenes que estaban no habían visto a sus amigos en meses. Jóvenes sin amigos. Cuesta imaginarlo.

 

Al principio de la pandemia y la cuarentena obligatoria, el psicopedagogo italiano Francesco Tonucci dijo en varias ocasiones que “de la niñez se empezó a hablar mucho, pero con una actitud muy particular, pidiendo a los psicólogos consejos para los padres y a los pedagogos consejos para los maestros. Pero nadie preguntó a los niños sobre lo que estaban viviendo y pensando”.

O de forma más ilustrativa dijo que la niñez ve que  “los adultos los quieren mucho, pero los escuchan nada”.

Esta conclusión, hecha del otro lado del mundo, quizás en un set de televisión, aplica para Cristy, que seguramente nunca la escuchó, pero la siente “gracias por preguntar cómo nos sentimos”, dijo. 

No es la única que necesita hablar y que le presten atención a lo que dice.

Durante la pandemia nuestra red de jóvenes tuvo miedo, y los miedos más grandes fueron enfermarse y quedarse sin alimentos. Aprendieron a cocinar, una estudió astronomía, uno escribió canciones, uno descubrió que leer está bueno y una aprendió a amar el softball. No salieron de sus casas y tampoco vieron mucha gente en pantallas porque la tecnología, aunque no parezca, implica datos, wifi, notebooks, celulares, saldo, computadoras, señal y no siempre se da. 

Cuando nos encontramos en zoom por primera vez, pedimos que describieran su escuela ideal. Curiosamente nadie pidió contenidos, música, ejercicio: pidieron ser escuchados, que su opinión cuente. Y piden que las escuelas sean seguras. Quizás la falta de agua en muchas de ellas, antes pasaba desapercibida. Ahora no. 

No solo reclaman falta de recursos sino también falta de atención. Pero se alientan entre todos y todas. “No tengan miedo de hablar”, dice Nataly, al despedirse. 

Y nosotros, nosotras no tengamos miedo de escuchar.

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